Hace muchos años que empecé a escuchar la expresión “halcones y palomas” y solía venir referida al carácter agresivo o pacífico de determinados miembros del gobierno de los Estados Unidos en los años de la Guerra Fría. Así, durante la guerra de Vietnam, los medios de comunicación solían calificar de “halcón” a personas como el Secretario de Defensa de los Estados Unidos Robert McNamara, partidario de redoblar los esfuerzos bélicos, o llamaban “paloma”, entre otros, al presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores del Senado, el senador J. William Fulbright, partidarios más bien de una estrategia de pacificación.

“Halcón” o “paloma” pasaron desde entonces a señalar las dos estrategias extremas posibles frente a un conflicto. La estrategia de agresión o la de pacificación.

Los hombres, enfrentados a un conflicto, pueden adoptar multitud de estrategias, algunas verdaderamente sofisticadas, pero dicho de modo simple, en los extremos del abanico de estrategias posibles siempre encontraremos una estrategia “halcón” y una estrategia “paloma”. ¿Cual de ambas es la más favorable tanto para el individuo como para el grupo?

Una explicación clásica del juego de “Halcones y Palomas” la da el genetista e investigador en biología evolutiva John Maynard Smith en su libro Evolutionary Genetics. Oxford: Oxford University Press. ISBN 0-19-850231-1. El ejemplo que nos da del juego de halcones y palomas es como sigue:

Imaginemos que dos animales han de competir para hacerse con un único recurso. Para conseguirlo pueden adoptar dos conductas o estrategias alternativas: la de halcón (“H”) que consiste en pelear cada vez con más intensidad hasta vencer o resultar seriamente herido; o la de paloma (“C”) en la que el individuo hace una demostración de fuerza pero huye si su oponente pelea. Los resultados de los enfrentamientos, finalmente, se representan en la matriz de pagos pertinente. Hay que hacer notar que en un enfrentamiento Halcón-Halcón ambos contendientes resultarán seriamente heridos, que en un enfrentamiento Halcón-Paloma el halcón saldrá victorioso pero la paloma huirá sin heridas graves y que, finalmente, en un enfrentamiento Paloma-Paloma, éste finalizará compartiendo el recurso por el cual se compite.

Para modelizar la evolución supondremos que los enfrentamientos se producen en el seno de una población de individuos que adoptan diferentes estrategias, desde una estrategia “pura” de halcón (H) o paloma (C) hasta estrategias mixtas del tipo “pelearé como halcón (H) con una probabilidad P y pelearé como paloma (C) con una probabilidad 1-P”. Los emparejamientos para competir se producen aleatoriamente y, tras la lucha se reciben los pagos apropiados. Tras esto los individuos se reproducen y generan crías de acuerdo a una constante general más un plus.

La población evolucionará hacia una estrategia evolutivamente estable si es que hay alguna. Tal estrategia evolutivamente estable es aquella que si es adoptada por una población, no puede ser invadida por ninguna otra estrategia alternativa.

Una vez realizados los cálculos oportunos veremos cómo en éste juego de halcones y palomas las poblaciones de individuos evolucionarán de la forma que sigue:

A) Si en el juego sólo se emplean estrategias “puras” (es decir, un individuo sólo compite como halcón o como paloma y siempre con idéntica estrategia) la población será genéticamente polimórfica y estará compuesta en 1/3 de halcones y 2/3 de palomas.

B) Si, por el contrario, se permiten estrategias mixtas, finalmente tendremos una población que en un 1/3 de las ocasiones pelea como halcón y en 2/3 como paloma.

Como vemos, si uno de nosotros formase parte de ése grupo de individuos, la estrategia más apropiada para sobrevivir sería la de ser “paloma” dos de cada tres veces y “halcón” sólo una de cada tres, lo que, a simple vista ya nos está indicando que la violencia extrema es muy poco recomendable en términos evolutivos.

El propio John Maynard Smith dedicó un delicioso artículo en 1973 en la revista “Nature” al tema de los enfrentamientos entre animales (por la comida, por las hembras) y al hecho de que, en muchos casos, los animales renunciasen al uso de todas sus capacidades ofensivas en tales luchas. También analizó el hecho de que muchas de las armas utilizadas por los animales en aquellas confrontaciones fuesen particularmente poco aptas para infligir heridas mortales a los contendientes y, al igual que mi abuelo cuando me decía que no usase la violencia más que en contadísimas ocasiones, llega a la conclusión de que la estrategia halcón no suele ser la más recomendable.

Los prisioneros del post anterior nos enseñaron que el altruismo puede ser más retributivo, desde un punto de vista egoísta, que el propio egoísmo; halcones y palomas nos han enseñado en éste post que una estrategia pacífica es a menudo más recomendable para la supervivencia que una estrategia egoísta. Ambas afirmaciones son paradojas aparentes. ¿Cómo pueden integrarse esas paradójicas normas de conducta en los grupos humanos?. Continuará.

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Un comentario en “Justicia, halcones y palomas

  1. Ya sé que la respuesta que podría usted darme es que no es obligatorio leer este blog, pero ¿de verdad se cree algo de toda esa basura o sólo se trata de aumentar el ruido de la red?

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