El hombre es un primate igualitario al que le gusta la liberté, la egalité y -dependiendo del quién, del cómo y del cuándo- a veces también la fraternité.

El hombre, como el resto de los primates, organiza sus grupos y establece jerarquías dentro de ellos pero, a diferencia de sus primos más cercanos (chimpancés y bonobos) lo hace de una forma peculiar, tan peculiar que nos ha llevado a ser la especie más evolucionada de la naturaleza pero también la especie responsable de las mayores atrocidades.

Hombres, chimpacés y bonobos comparten, genéticamente, un ancestro común del cual se separaron hace varios millones de años al que se ha llamado “Pan Prior”, “Pan Ancestral” o más anodinamente “CHLCA” (Chimpanzee-Human Last Common Ancestor). De ese “Pan Ancestral” provienen nuestros primos los chimpancés (Pan Troglodytes), los bonobos (Pan Paniscus) y nuestra propia especie, (el homo sapiens).

Las habilidades de aquel Pan Ancestral no las conocemos pero, siguiendo el principio biológico de la parsimonia, podemos inferirlas con un razonable grado de certeza si comparamos nuestra especie con las de nuestros primos primates y observamos cuales son las características que compartimos y hallamos el mínimo común denominador de ellas. Como a mí las que me interesan son las características más “jurídicas” de las tres especies me centraré en la forma en que estas especies se organizan jerárquicamente, la forma en que se producen conflictos entre los individuos que las componen y los mecanismos que cada especie usa para resolver estos conflictos cuando han surgido.

Recientemente el reputado antropólogo Christopher Boehm, ha publicado en la revista Science un interesante artículo titulado “Ancestral Hierarchy and Conflict” (DOI 10.1126/science.1219961) que trata de estos temas y al cual me referiré reiteradamente en este post.

Conforme a los estudios del antropólogo citado, las tres especies compartirían algunos rasgos sociales fácilmente identificables, particularmente si comparamos las dos especies de primates (chimpancés y bonobos) con aquellos grupos humanos cuya forma de vida es todavía la de cazadores-recolectores.

Estos rasgos comunes serían, básicamente, cinco:

1. Las tres especies viven en grupos sociales y luchan contra miembros de su misma especie.
2. Las tres especies manifiestan tendencias territoriales.
3. Junto a las relaciones interindividuales (diadicas) de dominio y sumisión que provocan estallidos de violencia entre sus miembros, aparecen en las tres especies mecanismos efectivos de pacificación y de resolución de conflictos.
4. Las tres especies son capaces de formar coaliciones para amenazar a los machos de otros grupos de su especie.
5. Dentro de sus propias comunidades las tres especies forman grupos de individuos para amenazar a otros individuos de mayor rango jerárquico en el grupo.

La observación de estas características comunes, según el autor, puede permitir establecer cuales eran las características de nuestro ancestro común y, a partir de ahí, conocer mejor el conjunto de comportamientos exclusivos del ser humano.

Por lo que respecta a las relaciones jerárquicas dentro del grupo, sin duda la del bonobo es la especie menos agresiva de las tres y los enfrentamientos entre sus miembros son, con mucho, los menos frecuentes y peligrosos. No es que no exista jerarquía en el grupo, que existe y está constatado que existen machos-alfa y hembras-alfa; pero sólo se producirán coaliciones de machos si cuentan con el apoyo de sus madres. El macho-alfa mantendrá su status en la jerarquía del grupo sólo si su madre lo apoya. Por el contrario, las coaliciones de hembras se forman rápida y fácilmente para competir contra algún macho de mayor tamaño que ellas. Es frecuente que las hembras se coaliguen para acceder a la comida antes que los machos y, eventualmente, amplias coaliciones de hembras pueden llegar a poner en serio peligro la integridad física de algún macho, a herirlo o incluso a matarlo.

Esto ha dado lugar a que entre los bonobos, a pesar de existir dimorfismo sexual, no exista un sexo dominante y el condominio sea la norma, aunque ello no significa que las relaciones jerárquicas no estén claramente presentes en el grupo.

En cuanto a los mecanismos de resolución de conflictos que utilizan usualmente los bonobos, el sexo es el más frecuente de todos, lo cual resulta para el ser humano una de las facetas más llamativas de estos primos nuestros. Según documenta el primatólogo Frans de Waal, un enfrentamiento típico entre dos grupos de bonobos, tras unas iniciales demostraciones de agresividad, suele concluir como un pic-nic hippie, con las hembras de cada grupo copulando con los machos del grupo contrario. Incidentalmente debe señalarse que el asesinato de de las crías por parte de los machos (relativamente frecuente entre otras especies de mamíferos) es virtualmente inexistente en el caso de los bonobos pues, se ha apuntado, dada la promiscuidad sexual de la especie, ningún macho está seguro de no estar matando a su propia descendencia.

La jerarquía entre los mucho más violentos chimpancés, por el contrario, es un asunto netamente masculino. Los machos compiten fuertemente por el status en el grupo y se establecen lineas jerárquicas donde la situación de las hembras es mucho más secundaria; dado que, en libertad, las hembras del chimpancé raramente forman coaliciones, es sencillo incluso para los machos de menor rango establecer sobre ellas situaciones de dominio.

La lucha por el status dentro del grupo hace que los chimpancés formen coaliciones de forma natural y, llegado el caso, una coalición amplia -que incluso puede incluir hembras- derrocará al líder incluso matándolo si es preciso. La actividad política de nuestros primos chimpancés, como vemos, es compleja y muchas veces peligrosa.

La resolución de los conflictos entre individuos es tarea del líder, quien interviene activamente para separar a los contendientes. Los indivíduos, asimismo, muestran habilidades para el perdón y la reconciliación efectiva. Es interesante resaltar que, en cautividad, las estrategias del chimpancé suelen modificarse y acercarse a las del bonobo.

Por lo que respecta a nuestra especie, las tribus de cazadores recolectores suelen estar constituidas por pequeños grupos multifamiliares donde los individuos muestran un patrón bastante igualitario. No es que no exista competencia por la comida o las hembras dentro del grupo, pero, en modo alguno se observa una jerarquía del tipo de la que se observa en los chimpancés ni parecen admitirse conductas de dominio similares a la de los machos-alfa en esa especie. La facilidad con la que en los grupos de cazadores recolectores se forman coaliciones contra el líder es una nota característica que impide el establecimiento de relaciones jerárquicas similares a las de los chimpancés.

Estas coaliciones contra el líder resultan particularmente eficaces y suelen verse fortalecidas y animadas por criterios morales, de lo que es correcto y de lo que no, de forma que la figura del macho-alfa virtualmente no existe dentro de las tribus de cazadores-recolectores.

Los conflictos interpersonales se resuelven a través de mecanismos que incorporan estos criterios morales, de lo que es correcto y de lo que no lo es, criterios morales que no han podido ser observados en chimpancés ni en bonobos y que, por el momento, parecen un rasgo exclusivamente humano.

Sin embargo, llegados a este punto y aunque sólo sea para justificar el título de este post, me gustaría centrarme en uno de los aspectos comunes a las tres especies que resulta particularmente intrigante: El hecho de que las coaliciones contra los líderes no parecen tener necesariamente su origen en la competición por la comida o por las hembras.

Hoy, mientras leo otros interesantes estudios sobre nuestros antepasados cazadores-recolectores, aprendo que la domesticación del perro fue quizá uno de los elementos decisivos que llevaron al hombre de Cro-Magnon a prevalecer y hacer desaparecer al de Neanderthal, y que, la presencia de unas aparentemente flautas labradas en hueso encontradas junto a restos de homínidos, llevan a los científicos a atribuir a estos restos conciencia humana.

Perros, flautas y recelo hacia el poder. Quizá nuestros ancestros nos estén tratando de decir algo.

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