La medusa inmortal

  
Imagino que todos ustedes se habrán hecho preguntas alguna vez sobre la inmortalidad y sobre cómo sería la vida de un ser inmortal. Difícil pregunta porque asumimos naturalmente que ningún ser vivo es inmortal aunque… Aunque esa creencia tan natural no es verdad: les presento a T. Dohrnii, una medusa que vive al lado de nosotros, sí en el Mediterráneo, y que es, hasta ahora, el único ser vivo inmortal conocido. Cuando se hace vieja, o enferma, o no le gusta el ambiente en que vive, empieza a rejuvenecer hasta alcanzar la fase de pólipo a partir de la cual puede volver a crecer hasta convertirse en medusa adulta y lo puede hacer tantas cuantas veces quiera. Es teóricamente un animal inmortal.

Ocurre, sin embargo, que la vida para estas medusas de apenas 4 milímetros es bastante dura pues, aunque pueden rejuvenecer y vivir eternamente, lo que no pueden evitar es que un predador, antes o después, se las desayune o se las meriende. En todo caso, la existencia de un ser teóricamente inmortal me ha llenado de interrogantes y me ha puesto a repasar de nuevo antiguas lecturas. Como curiosidad de domingo me apetecía compartirla.

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Y los hijos de LUCA cooperaron (Cap. 2)

Y los hijos de LUCA cooperaron (Cap. 2)

Los primeros descendientes de LUCA no eran más que un tipo de células llamadas “procariotas” (el propio LUCA no sería más que un organismo celular procariota evolucionado a partir de proto-células). Estas células carecían de núcleo y no habrían sido capaces por sí mismas de dar lugar a todo la fantástica variedad de especies que ahora conocemos.

El paso de procariotas a eucariotas significó el gran salto en complejidad de la vida y uno de los más importantes de su evolución. Sin este paso, sin la complejidad que adquirieron las células eucariotas no habrían sido posibles ulteriores pasos como la aparición de los seres pluricelulares. La vida, probablemente, se habría limitado a constituirse en un conglomerado de bacterias. El éxito de estas células eucariotas posibilitó la evolución posterior de la vida que ha dado lugar a la gran variedad de especies que existe en la actualidad.

¿Cómo se produjo la aparición de las células eucariotas? ¿Cómo dio la vida este gigantesco salto cualitativo?
Por increíble que les parezca gracias al más importante motor de progreso con que cuenta la naturaleza: La cooperación. Las células procariotas “cooperaron” formando “sociedades” (nótense las comillas) que dieron lugar a un fenómeno llamado “simbiogénesis”.

Todo comenzó cuando una bacteria que obtenía energía mediante el azufre y el calor, se fusionó con una bacteria con capacidades natatorias. Ambas pasaron a formar un nuevo organismo y sumaron sus características iniciales. Como resultado apareció el primer eucarionte.

Este primer eucarionte era anaeróbico y por tanto era incapaz de sobrevivir en ambientes donde existía oxígeno, un gas que, por entonces, se encontraba cada vez más presente en el planeta. La solución vino de la mano otra vez de la “cooperación” de este eucarionte con una nueva bacteria que sí respiraba oxígeno y que por entonces vivía de forma autónoma.

Esa bacteria que entonces vivía de forma autónoma y que pasó a asociarse con el eucarionte hasta formar un único ser vivo hoy la conocemos como “mitocondria” y podemos verla en la actualidad en el interior de las células de los seres vivos.

Estas células que ya eran capaces de respirar oxígeno prosiguieron su racha de éxitos “cooperativos” asociándose más tarde con bacterias capaces de aprovechar la energía solar (fotosintéticas) que también pasaron a formar parte su organismo: había nacido la primera planta.

El origen bacteriano de mitocondrias y plastos está fuera de toda duda y esa labor investigadora se la debemos a la famosa bióloga Lynn Margulis que fue quien descubrió este proceso de “endosimbiosis seriada

Como verán, en este gran salto evolutivo que permitió la aparición de las plantas y animales sobre la tierra, el papel protagonista le corresponde a la cooperación (simbiosis) más que a la competitividad o la lucha que muchos creen fundamental en la evolución de la vida. Lynn Margulis subrayó esta decisiva importancia de la cooperación con palabras que no me resisto a citar:

“…el nuevo conocimiento de la biología altera la visión que muestra la evolución como una competición continuada y sanguinaria entre individuos y especies. La vida no conquistó el planeta mediante combates, sino gracias a la cooperación. Las formas de vida se multiplicaron y se hicieron más complejas asociándose a otras, no matándolas”

Si es verdad que “ubi societas ibi ius” no puede uno dejar de sospechar que algo comenzó a fraguarse con esta cooperación bacteriana. Pero dejémoslo para más adelante, cuando estudiemos la forma en que la cooperación emerge y se desarrolla en la naturaleza